Cuando abrí los ojos aquella mañana, un presagio en la brisa me lo advertía: “No es para ti”. Pero ¿el qué? En el bosque que me rodeaba, la visión de una niebla se mimetizaba con la vibración acongojada que salía límpida de las cuerdas de acero de una canción country que sonaba en el fondo: “Choosin’ Texas”.

Just when I thought I got him to fall in love with Tennessee
I should’ve known better than to take him back to Abilene
I put him right back into her arms
I wasn’t a match for that kind of spark…

Me olvidé del asunto durante el día, hasta que llegué al bar, ya entrada la tarde. La realidad me sorprendió cuando la encontré bailando de la mano de un tipo con sombrero tejano y botas de vaquero. Corpulento, de barba cerrada y pelirroja. En pleno verano, no tenía sentido preguntarse de dónde había salido. Pero que aquello me ocurriera a mí en un bar de la Sierra Norte, en el corazón de Madrid, no solo era triste: se volvían a reír de mí.

Llámenme ingenuo, melodramático, pero en ese momento entendí que era el Destino quien había tirado las cartas y no hacía falta tener vista de lince para saber quién había perdido la partida.

She’s from Texas, I can tell by the way
He’s two-stepping ’round the room
And judging by the smile that’s written on his face
There’s nothing I can do
It doesn’t take a crystal ball to see…

Con el whisky en la mano, dejé la mirada perdida en ella. Se veía tan sonriente, tan graciosa, que mi propia presencia me provocaba un rechazo profundo. Conocía bien mis limitaciones, y verme superado de nuevo por la fatalidad hacía que se me oprimiera el pecho.

Abandonado en aquella silla, me fijé por ultima vez en su figura. En su cabello abundante cayendo sobre unos hombros enflaquecidos, en sus pestañas largas y su mentón fino y deseable. Más que éxtasis, su belleza me provocaba una necesidad de liberarme de todos mis errores pasados, ante todo de aquellos que pude haber evitado. Pero supongo que otra vez no llegaría a ser ese día.

¡Pero juro que por algunos momentos estuve seguro de que finalmente había encontrado alivio y felicidad! Y, sin embargo, volvía a equivocarme. Me convencí de que, por mucho que me doliera, lo justo es que a las cosas buenas y bellas, cuando son inalcanzables, hay que dejarlas ir en paz.

Alcé el vaso de whisky y susurré la letra con la que me había despertado:

A cowboy always finds a way to leave
Drinking Jack all by myself
He’s choosin’ Texas, I can tell…

No me quedaba nada por hacer allí. Sabía de sobra cómo se las gastaban las Moiras con sus hilos. Pagué la cuenta en la barra y, sin echar la vista hacia atrás, salí por la puerta.

(Con el corazón en la mano).